Xantolo

Madrugada en Tantoyuca, una madrugada como tantas otras, oscura, callada y fría; si no fuera porque ésta peca de especial. En esta madrugada se abren las puertas de un más allá no representado en un Cielo o un Infierno, es el 2 de Noviembre: “Xantolo”. Único día en que, según la costumbre, se entrelazan la vida espiritual con la terrenal.
Sobre el altar un gran arco de palma adornado con cempasúchil dibuja la bóveda celeste, marca el enlace con el Mundo de los Muertos, es el portal, dicen, por donde éstos entraran.
En el ambiente se respira el aroma del copal y el sahumerio, purifican el aire, preparan la atmósfera para recibir a los difuntos que nos visitan del más allá.
Al pie del ara: “Flores trazan el camino que los muertos seguirán”. Jarrones con agua abundante les esperan, recorrer la larga y cansada senda no es tarea fácil: “Llegaran con sed y se querrán saciar.”
Luces suben e iluminan el cielo para luego estallar. Es el llamado para los muertos, es el decirles: “Estamos listos para recibirlos, vengan ya”.
Carlos Javier del Ángel del Ángel, da un sorbo a su Coca-Cola, se aclara la garganta y comenta: -Xantolo proviene de la palabra latina Sanctorum. Los indígenas la deformaron a su lengua y se adapto así. Los orígenes de la festividad, no se han logrado precisar con seguridad, pero bien es cierto que antes de la llegada de los españoles ya se practicaba entre los indígenas el rito de honrar a los muertos.
Cuarentón, bajito, de rostro simpático y pelo teñido de castaño que lo hace caer más en gracia, Carlos es de fácil hablar: -Con la llegada de los españoles, y a si mismo la llegada de la Iglesia Católica, se adoptó la festividad de recordar a los difuntos, la oficializó, y nombró el día 2 de Noviembre como: “Día de todos los Santos”. No así el rito, que se siguió practicando a la vista tolerante de la Iglesia. Se dio entonces un sincretismo entre la espiritualidad prehispánica y la cristiana. Allí nació una de las tradiciones más singulares y asombrosas del Mundo: “El Día de Muertos”.
Nacimiento.

Mañana en Tantoyuca, ha despuntado el alba, nace el día. En el horizonte el Sol pareciera treparse en el firmamento. A lo lejos un vaquero anciano, de cara triste y chimuelo, camina con prisa aproximándose al altar.
Cada paso que da es evidenciado por el sonido de sus espuelas. Botas y pantalones desgastados, y sobre ellos chaparreras. De camisa azul, lleva sobre el hombro la reata con la que laza, y el sombrero bien puesto para darle sombra a su cabeza. Sobre sus manos lleva un cuerno de vaca el cual sostiene con firmeza, y una vez llegado al altar se planta con seguridad y entereza.
Cuerno de vaca en mano, se lo lleva a lo boca y lo empieza a tocar. Llama a su cuadrilla de vivos para que jugueteen con “la Muerte” vistiéndose de muertos, los llama para convivir con los difuntos invocándolos, existe la creencia que el simple hecho de recordarlos ese día les hará vivir un breve momento en el plano terrenal.
Guerreros jaguar, como traídos de antiguas batallas, van por delante en la cuadrilla, sólo detrás del trío que anima al son de la guitarra, la jarana y el violín. Nunca falta el borracho cirroso, coqueto como siempre, baila con las mujeres (no del todo atractivas… “vestidas”) creando una chusca escena que a los espectadores hace reír. Mictlatecuhtli, Dios de la Muerte de los Aztecas, aparece, se pasea con el semblante serio, no se parece divertir.
Muchos otros llegan; bailan, gritan, ríen, juegan… recuerdan: “Que los muertos están
celebrando con ellos, entre ellos… sólo ese día la farra se les puede permitir”.
Una mujer de blanco y feo rostro surge entre la multitud de singulares personajes. En sus brazos, envuelto en paños morados, amarillos y negros, un niño recién nacido se encuentra. La mujer lo sujeta con firmeza, lo alimenta; levanta la vista hacía el anciano vaquero y se echa a andar. Cada vez que éste se aleja ella aprieta el paso, se mantiene cerca. No quiere perderlo, así tenga que soportar el cansado camino, el Sol intenso de la mañana y al inquieto niño que constantemente parece chillar.
-¿Porqué cuadrilla y no comparsa?- exclama Carlos. Hace una pausa, levanta la vista y pareciera buscar las palabras que harán palpable la respuesta. –Verás, la cuadrilla es el número mágico, representa “el cuatro”; es el número de personajes importantes que la integran.
En actitud soberbia, irguiendo el cuerpo y levantando la cabeza dice: -El primer personaje es “el Vaquero”. Representa al hombre, su fuerza. Su color representativo es el azul. Prehispánicamente representa “el agua que cae”, la lluvia que fecunda la tierra.
Carlos ríe con su caracterización. Vuelve a su postura normal y agrega: -Todo tiene significado en el Xantolo. Así pues “el Vaquero” va al frente de la cuadrilla porque representa al hombre, cabeza de la familia, su conductor. El sombrero que posee es símbolo de su conexión con Dios, la reata hace alegoría a la fuerza con la que el hombre sujeta todo lo que ambiciona, y las chaparreras y las espuelas son icono del sincretismo religioso: “La conjunción de la fe cristiana e indígena”.
Mirada pícara y sonrisa traviesa, Carlos explica el porqué del cuerno que “el Vaquero” tiene: -En sus orígenes era un caracol. Es un símbolo fálico, representa el pene del hombre y por consiguiente su hombría y entereza-. Hace una pausa y se le escapa una carcajada que no puede evitar –Hay que saber tocar el cuerno, por eso “el Vaquero” es especial.
-El segundo personaje de la cuadrilla es la mujer, “la Mujer Embarazada”. Su color es el verde y representa a “la tierra fecundada” por la lluvia (el hombre). Con ella da inicio “la Vida”, “el ciclo generacional”, y si bien “el Vaquero” es factor de que se de “el Nacimiento”, es “la Mujer Embarazada” quien lo sufre. Representa la feminidad. Todo lo aguanta, todo lo tolera, todo lo soporta; encima de todo lo que padece por el hombre, lo quiere, ha allí la razón de su rostro duro.
Vida.

Tarde en Tantoyuca, el Sol muy arriba en el cielo se encuentra en todo su esplendor. Adelante, la cuadrilla avanza siguiendo al viejo vaquero que pareciera tener prisa. La mujer con el niño en brazos lo sigue a la distancia, no lo quiere perder.
Detrás de ellos un sin número de payasos, monstruos, y diversos y extraños seres, hacen desmanes a los concurrentes. Entre pellizcadas de nalgas y arrimones, que los espectadores aceptan alegres, hay una figura que destaca por su sombrero en forma de cráneo y su enorme tridente. Vestido de rojo, de etiqueta, rosa al pecho camina alegre entre las gentes. “Es un demonio”, dicen unos. “Es el mero Diablo que está presente”.
Pero nadie se asusta, nadie le huye, es más, todos parecen agradecerle que allí se encuentre. Sonrisa en el rostro invita al alboroto, alebresta, hace gritería y todos le obedecen.
Le acompañan de cerca unas lindas damas vestidas de diablillas. El demonio rojo baila con ellas candentemente, las seduce, las invita a liberarse, a dejarse llevar por lo que sienten. Todo con él son sensaciones, parranda, juerga con las que llena de vida el ambiente.
Con sus manos tanteando la mesa, Carlos trata de precisar. La descripción del tercer personaje de la cuadrilla “es difícil” como él mismo lo explica: -“El Diablo” es el más ambiguo de todos los personajes, el más difícil de entender. Su color es el rojo, representa “el fuego dentro del ser humano”, y su imagen tiene el rostro del cristal con que se ve.
-“El Diablo” es la chispa de las sensaciones, la rosa roja simboliza “la pasión”. Generalmente es mirado como la contraposición de los dogmas y preceptos morales, sin embargo es parte innata de nosotros los humanos.
Carlos dibuja ademanes en el aire y agrega: -A él se debe que la unión del hombre y la mujer, imposible de concebir sin el sexo. Es quien gobierna el Mundo, a quien todos se rinden, pues muy a pesar de la moral existente, “el Diablo” habita en nuestro corazón.
Muerte.

Noche en Tantoyuca, la bóveda celeste se viste de manto negro. El viejo vaquero se adelanta, tocara por última vez su cuerno. Toda la cuadrilla se percata, quieren estar listo para destaparse, quitarse las mascaras, mostrar por fin a “la Muerte” su verdadera cara, su imagen, su aspecto.
Un grupo de pintores toma el frente, brocha y cubeta en mano golpean el suelo. El sonido de los cuetes invaden el ambiente y la música del trío sube asaltando el medio. Una cortesana francesa vestida de rosado pisa con fuerza al bailar, y una antigua diva a su lado le parece imitar. Todo es ruido, música gritos, estruendos.
La mujer con el niño en brazos danza sin parar; detrás, “el Diablo” se encargan de hacer cabriolas, desmanes, maldades, ríe sin cesar. El ritmo del baile parece aumentar con cada segundo agotado al día, y “la Muerte” no aparece todavía. Por un instante, entre las multitudes que conforman la cuadrilla, parece verse algo: “No, es el juego de luces combinado con la noche quien engaña a la vista”.
Llega entonces el destape, mascaras fuera de los rostros, risas, toda algarabía. “Que nos reconozca la Muerte, la venida de ella significa el inicio de la otra vida”.
Dando un último sorbo a su refresco, Carlos pareciera reflexionar: -A pesar de lo que puede creerse, “el Xantolo” no es un rito en el que se adore a “la Muerte”. Es una falsa idea que se tiene de la fiesta. Xantolo es creer que el recuerdo le gana al olvido. “La Muerte” no es más que un elemento importante en la vida del hombre, es aquel lazo que lo une a lo espiritual.
Emocionado, explica: -“La Muerte” representa “el aire impalpable”, carece de color. Es la representación del fin de “la Vida”, sí; pero es también símbolo del inicio de una nueva en el plano espiritual. Es el puente, el traspaso. ¿Cómo ver con malos ojos aquello que te guiara con Dios en el más allá?
-Nacer da paso a vivir, el vivir es el símbolo constante que nos recuerda que moriremos; es parte de la naturaleza humana- comenta Carlos. –Aceptarnos como somos, con tabúes, con dogmas morales, pero también aceptando que somos víctimas de las pasiones, de los sentimientos- hace una pausa, medita unos segundos y agrega: -“No son muertos los que plácida y dulcemente descansan en la tumba fría. Muertos son aquellos que tienen el alma muerta y viven todavía”.
Nada queda. Es la madrugada del 3 de Noviembre, “el Día de Muertos” ha terminado ya, los difuntos se han ido y si el aire susurrará se le podría escuchar: “Respiramos Vida, inhalamos Muerte, todo ello es natural”.